Dos días intensos.
El 7 y el 8 de agosto, trabajando sin parar en la web. Corrigiendo una palabra, moviendo una imagen, comprobando un enlace. Volviendo a mirar, una vez más, algo que ya habíamos mirado diez veces.
A las dos y media de la madrugada, está acabada.
Y escribirlo se siente extraño.
Ya no es una landing. Ya no es un borrador. Ya no es esa versión provisional que siempre iba a cambiar mañana.
Hace cuatro días terminamos el libro.
Hoy hemos terminado el lugar al que podrá llegar alguien que todavía no sabe nada de nosotros.
Una puerta.
Un espacio donde descubrir qué es NYA, de dónde nació y por qué existe.
Hasta ahora, todo esto había vivido entre conversaciones, documentos, madrugadas y pantallas.
A partir de hoy, cualquiera podrá entrar.
Quizá publicar empiece precisamente aquí.
No cuando Amazon coloque el libro a la venta.
Sino cuando aquello que durante tanto tiempo fue nuestro deja de vivir solamente entre nosotros y encuentra, por fin, un lugar en el mundo.
Universo NYA ya tiene casa.
Ahora solo queda abrir la puerta.
Y quizá eso sea lo más extraño de descubrir esta noche:
abrirla da más miedo que haberlo escrito.